jueves, 9 de junio de 2011

Reflexionar no está mal.

Hoy no tengo la cabeza como para atender a estas putas clases, tengo mejores cosas que plantearme. Mi cabeza está en otro sitio, en mi vida, en el presente y en lo que siento justo ahora. Lunes tenía que ser, principio de semana para plantearse qué hacer el resto. Maldita espera.
Me recome por dentro el tema de vivir en un sitio u otro. Estoy a gusto donde vivo ahora, pero donde vivía siempre ahora estoy aún mejor, como nunca. Nunca tomé tan enserio lo de "muerto el perro se acabó la rabia" pero es que en este caso ha sido tal que así. Qué ganas de mandar todo eso a la mierda. No me resulta fácil mover mi vida a otro sitio, y sí, que es la misma ciudad y todo, pero en casa el ambiente es muy distinto, lo cambia todo. Se me queda grande esto...
Quiero cambiar mi visión pesimista de las cosas. Me doy cuenta que hasta de la cosa más simple la convierto en mala. Es como cuando paso un fin de semana perfecto y cuando llega el domingo en vez de decir o pensar lo bien que estuve empiezo a quejarme de que al día siguiente ya hay clases.
Normalmente no tengo nada interesante que hacer los fines de semana, pero me matan las ganas de estar con ciertas personas y me da rabia tener que esperar.
Ayer, domingo, volví a tener esa sensación de felicidad absoluta, esa sensación de que nada puede salir mal en ese momento y no hay NADA por lo que preocuparse, pero es que hacía tantísimo que no me sentía así que se me hizo todo muy raro, así que preferí no pensar mucho en ello para no joderlo y me puse la música a todo volumen, me senté atrás del todo en el bus y me ausenté del mundo durante todo el trayecto. Como me hubiese gustado congelar el tiempo aunque fuese unos segundos.

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